Oh, darling, this is absolutely fantastic. La chica, mitad Boudica, mitad groupie de los Kings of Leon, se ha subido a la estatua del mariscal Slim, en el jardín del Ministerio de Defensa, y desde allí, delacroixamente, diosa 2.0 de la libertad, móvil (++44) 7766539842, guía a su pueblo en esta batalla desigual contra la más feroz de las tiranías.
La diosa de esta revolución diminuta, brunch post guevariano, revuelta de miércoles no de ceniza sino de candor, se ha vestido apropiadamente para la ocasión, de Gap y no de Cornelia Mater Grachorum, leggings negras, abrigo rojo, y dos grandes argollas de plata, London Eyes abiertos en total deslumbramiento. No lleva escudo ni lanza, sino una bandera de UCU, University and College Union, el sindicato de profesores que coauspicia esta protesta contra el recorte drástico del financiamiento público a las universidades de Inglaterra y el aumento del precio de la matrícula. La chica agita la banderola, grandes letras rojamente subversivas, y canta, no ifs, no buts, no education cuts, no ifs, no buts, no education cuts, aguantándose, un tanto inapropiadamente, del bolsillo del mariscal Slim, que mira a la multitud con severidad, no fue para esto que ganamos la guerra.
Subo y bajo por Whitehall, completamente impreparado para la revolución, fuera de lugar, sin saber dónde ponerme. Nota: debo llegar temprano la próxima vez, las revoluciones tienen el mal hábito de la puntualidad. Nota: la revolución tiene total prioridad, no debo distraerme de nuevo. La multitud avanza ligeramente por Whitehall, puedo ver que la columna se extiende hasta Trafalgar Square, donde los turistas, que no se han enterado del comienzo de la revolución, toman fotos de Nelson y de sí mismos en todas las poses de la inmortalidad. En Londres hasta las revoluciones cumplen estrictas reglas de health and safety, tienen lugar en espacios cuidadosamente regulados para que no molesten a los que decidan no participar, pasear por el South Bank o ir a la Opera. Nadie que no estuvo allí se hubiera enterado, si no fuera por los periódicos. Pero puedo garantizar que hubo una marcha, yo estuve allí, aunque no sé todavía como qué, turista, participante, periodista, curioso. SMS: Me: I am here, where are you? Sean (mi colega en Roehampton University, con quien debía encontrarme): Stuck behind on demo. ¿Dónde, en qué parte de la revolución, en qué recóndito poro de la historia universal te has metido, Sean? Veo pasar las universidades, Leeds, York, Newcastle, Bristol, Oxford Brookes, pero no encuentro la mía, que debe haberse dispersado, deshilachado, desmembrado, deshojado en esta multitud de bien vestidos Next Marks & Spencer Gap Topshop Primark River Island H&M Uniqlo fcuk bien comidos Tesco, every little helps, Morrison’s, fresh choice for you bien conectados O₂ Virgin 3 Orange T-Mobile Vodafone jacobinos del año del Señor de 2010 marchando online y offline contra su particular Bastilla. La multitud expone sus demandas, a voz en cuello. Los carteles de UCU y de NUS, la National Union of Students, son ejemplarmente moderados, escritos sin dudas por alguien con acento de la BBC: Fund our Future, Stop Education Cuts. Please please please, estimado Primer Ministro, sería usted tan amable de financiar nuestro futuro y no cortar el presupuesto de nuestras queridas universidades? Hay una bandera roja de UCU con el escasamente imaginativo Together we are stronger (suena como el slogan de una compañía de teléfonos, o de un banco). Más de 50 mil personas, dicen los organizadores. Pero, ¿acaso no estuvimos together one million together en 2003 contra la invasión de Iraq? Qué bien que nos salió aquello. Me gustan más los carteles del Partido Socialista de los Trabajadores: F..k Fees, Free Education Now. Pero ustedes coincidirán conmigo en que no es correcto que esas niñas tan bonitas, más bonitas que Kate Moss, que Kate Winslet, que Kate Beckinsale, que Kate Thornton, que cualquier Kate televisiva o real, vayan por la calle gritando malas palabras, Hey, Cameron, I am not Samantha, you can’t fuck me. Si cada una de estas niñas con carteles del Partido Socialista de los Trabajadores hubiera votado por dicho partido en las últimas elecciones, ahora el Camarada Quién Sabe Cómo Se Llama sería Primer Ministro, y no David Cameron, a quien todos estos chiquillos consideran, con unanimidad soviética, un twat. Un bloque del Partido Comunista avanza con marcialidad kimjongilnesca. Bienvenidos al Reino Socialista Unido de la Gran Bretaña. Elizabeth Windsor, secretaria general. El comunismo internacional se ha vuelto súbitamente una opción política muy atractiva, estos chicos se parecen más a Sam Worthington, el protagonista de Avatar, que a Leonid Ilich Brezhnev. We are Your Future, grita un chiquillo. ¿El futuro de quién, sweet pea? Hay 18 millonarios en el gabinete inglés. Créeme, yo no soy ya el futuro de nadie, pero comprendo que tengas esperanzas de ser el millonario número 19. ¿O prefieres trabajar en Barclays? ¿Sabías que Barclays va a pagar este año 1.6 billones de libras en bonos a sus empleados? W(hat)T(he)F(uck). ¿Qué futuro, mi niño? Frente a Downing Street, un coro grita groserías contra Mr Cameron y contra el viceprimer ministro, Nick Clegg. Los policías que custodian Downing Street lucen más bien aburridos. Mr Cameron está en China, firmando tratados comerciales, please please please Mr Hu, ¿puede usted invertir en mi país?
“Esta marcha es patética”, estalla Janet Daley en The Daily Telegraph. “Mi generación puso su vida en riesgo para protestar contra Viet Nam. Esta protesta tiene más que ver con auto indulgencia, irresponsabilidad y nihilismo”. Dear Janet, ¿quieres decir que futuros columnistas del Telegraph están ahora marchando por Londres contra el gobierno? Es una idea verdaderamente aterradora, que estos chicos tan lindos se conviertan con el tiempo en Janet Daley. De momento, esos futuros columnistas de la derecha de la derecha de la derecha de la derecha de la derecha están todavía escribiendo para el Estudiante Anarquista, que en un número especial está llamando a un movimiento nacional de huelgas y ocupaciones de instituciones públicas y privadas. “Marchas de la A a la B estimulan temporalmente los egos de los burócratas sindicales y son una oportunidad para que las distintas facciones de la izquierda recluten militantes, pero al final no nos sirven a los estudiantes para nada”. El hombre que me entrega esta edición gratuita del Estudiante Anarquista parece completamente inofensivo, un Columbo triste y bizco y mal afeitado que reparte sus panfletos con la misma paciente humildad que mostraría si estuviera en Leicester Square repartiendo los volantes de un restaurant, Delicioso Buffet Chino y Thai, Coma Todo Lo Que Quiera, Solo £ 5.99. “No pediremos nada, no exigiremos nada. Tomaremos. Ocuparemos”, dice el Anarquista. Free education, not free markets, dice un cartel, que lleva un chico de espejuelos, futuro CEO de Barclays, futuro director de la Royal Society of Arts, futuro homeless, habitante de un trozo de acera frente a Harrods. Pasan a mi lado chicos pintados, arlequines y polichinelas, esta marcha es mitad Mayo del 68, mitad Halloween. Hay también muchachos con balaclavas, y otros que no parecen estudiantes, sino el Subcomandante Marcos (¿alguien ha sabido algo de él en los últimos diez años?). Yo sigo perdido en la multitud, sin saber qué hacer, si esperar por Sean para pasar por Parliament Square, o unirme a cualquier universidad, a cualquier grupo anarquista socialista verde comunista liberal trotskista socialdemócrata laborista católico judío musulmán cualquiera menos los tories, you say Tory, I say scum. Pero en esta revolución la edad promedio es 20 años. No offence, but men over 30 do not need to apply. Profesor, ¿me puede explicar qué fue la Unión Soviética? ¿A qué grupo puedo unirme sin parecer el residuo de otras revoluciones de otras décadas de otras causas de otras marchas de otros países? En la acera del Foreign Office, thanks God, encuentro a varios de mis propios estudiantes, unos gentiles muchachitos que rigurosamente me tratan como si yo tuviera cien años. Uno de ellos, Sam, quiere incluso darme su abrigo. Nota: a las revoluciones en Septentrión hay que ir bien abrigado. “¿Dónde está nuestra universidad?”, le pregunto a Sam. They are everywhere. Vamos entrando a Parliament Square, que es a la vez nuestra Bastilla y nuestra Place de la Révolution. Aquí la marcha se enreda en sí misma, casi se detiene, avanza centímetro a centímetro, porque varios centenares de chiquillos se han sentado en el suelo de la calle, asfixiando la columna principal, que es forzada a escurrirse por un estrecho corredor entre dos improvisados campamentos, a izquierda y derecha. Big Ben marca la una y veinte, la marcha ha durado ya casi una hora. En el Parlamento, Nick Clegg, viceprimer ministro del gobierno de coalición, y líder de los Liberal Demócratas, está justificando los recortes a la educación superior y la triplicación del precio de la matrícula. Nick Clegg, clegging. Clegging clegging clegging (clegging, nos informa Charlie Brooker en The Guardian, es un nuevo verbo que significa algo más que mentir, significa insistir en una falsedad a pesar de la existencia de abrumadora evidencia en contra). Nick Clegg es un clegger compulsivo, incurable. En la calle, Clegg, que prometió durante la campaña electoral votar contra el aumento de las matrículas y ha cambiado dramáticamente de opinión, es el enemigo número uno, el Bin Laden de las universidades, el Judas de todos estos frágiles Cristos adolescentes. Los chiquillos cantan, a toda voz:
Nick Clegg, shame on you,
Shame on you for turning blue.
Tory blue, azul conservador, azul Matisse como este cielo inusualmente despejado de Londres en noviembre. Nota: las revoluciones son particularmente peligrosas cuando el cielo está despejado. Pero yo no puedo cantar ni gritar con la multitud, porque otras marchas otras multitudes otras revoluciones me han dejado irremediablemente afectado, temeroso de la multitud que grita, incapaz de gritar también contra Nick Clegg contra Cameron contra Blair contra Bush contra Clinton contra Reagan contra Carter que se vayan que se vayan que se vayan pa’ lo que sea, Fidel. Le digo a Sam, tratando de hacer conversación, “Yo no estoy seguro de que nada de esto vaya a tener algún efecto”. Sam no responde what the fuck are you doing here then? me mira un poco dolido por mis dudas, por mi escepticismo de decrépito profesorcito universitario que lee demasiados periódicos y habla de realpolitik, que diserta sobre los “regímenes de la verdad” (Foucault 1984: 51) y “la siniestra insignificancia de las imágenes” (Baudrillard 2000: 51), y no confía en el triunfo de esta revolución, Sam’s revolution. Sam, sweet, handsome Sam, que escribe para el periódico de la Students Union, que tiene varios blogs (yo tengo solo uno, shame on me), y que fue anoche a otra protesta, buy one, get one free, espontánea, no preparada, el prólogo de la revolución, frente a la casa de Nick Clegg. Intento disculparme: “Lo que es conmovedor es que ustedes están haciendo esto por otros, porque las matrículas no van a subir hasta el 2012”. La novia de Sam me mira fijamente, It is a matter of principle. A mi lado, un coro de guapetones arranca a cantar, me salvan:
David Cam’ron is a prick, is a prick, is a prick,
David Cam’ron is a prick, and we hate him!
La columna se desliza entre el Parlamento y la Abadía de Westminster, y Sam, su novia y el pequeño grupo de mis estudiantes se escabullen, me dejan atrás. Nota: uno no lleva a la revolución a sus padres o sus maestros. La revolución tiene que exterminar a todos los mayores de 30 años, cuya corrupción moral es ya irremediable. Nadie mayor de 30 debe sobrevivir en Utopia, ningún aguafiestas, ningún profesor o filósofo que recuerde el destino de pasadas revoluciones, que haya visitado el cementerio de los hombres nuevos. Una muchacha me pone en la mano una hojita impresa, con una sonrisa que vuela sobre la multitud, revolotea sobre los campamentos de los grupos pacifistas en Parliament Square y se posa sobre mi hombro, como si fuera 8 de enero de 1959. La hojita anuncia una Huelga General de Paz para exigir que las tropas británicas en Afganistán regresen a casa. Quieren marchar hacia Westminster el 20 de noviembre, 60 mil banderas blancas, White Flag Revolution. Hum, no estoy seguro de que vaya a participar, ese día tengo entradas para ver la exposición de Gauguin en Tate Modern. En el parquecillo detrás de la Abadía, la prensa ha montado su propio campamento, entrevistan a algunos chicos, y pronuncian diversas tonterías en tono misterioso. Me llaman, Juan! Es Sean (pero otro Sean), que está en mi clase de periodismo investigativo, un chico muy despierto que pertenece a la Sociedad de Derechos Humanos de la universidad y lee a Hunter S. Thompson. Sean me enseña las fotos que ha tomado durante la marcha. La primera muestra a unos revoltosos reventando bombitas de humo, frente al Foreign Office. Anarchists, dice Sean. But the police took care of it. Le digo que debe escribir sobre la marcha. Are you going to write about it?, pregunta. Le digo que escribiré algo en mi blog, y Sean me mira, asombrado, blogs are so 2007. Sean quiere saber qué viene a continuación. Le digo que en Tate Britain debe haber comenzado ya un gran acto político, con discursos, coros y mucha algarabía. Sean se adelanta, y yo avanzo, perezosamente, algunos metros más, asegurándome de que la revolución ha terminado y puedo llegar a tiempo a una cita en la National Gallery, tendré que hacer todo el camino al revés.
Pero la revolución del miércoles no había terminado, darling, it was just getting started. Un grupo de chiquillos, Olivia Emily Tom Richard Lucy Ahmed Ann-Marie Jon David Katherine Shazia Eduardo Frederick George Elise Annette Daniel Luke Stephen Beatrice Matt Harry Chris Hamza Bryan Arandeep Karl asaltaron las oficinas del Partido Conservador, Tory scum, en Millbank Tower, junto al Támesis, rompieron la barrera de la policía y llegaron hasta la azotea, donde proclamaron el triunfo de la revolución y la derrota inobjetable de la tiranía. Los estudiantes de Inglaterra habían al fin conquistado su Bastilla (en el futuro se pondrá una placa conmemorativa en la puerta de Millbank Tower, y primeros ministros, participantes de la protesta de este miércoles, recordarán la fecha). Hubo heridos, destrozos, un estudiante tiró un extintor de incendios a la calle, la policía hizo arrestos. “¿Cuál es el punto de romper cristales cuando este es un asunto que solo se puede resolver a través de un debate racional?”, preguntó Janet Daley, indignada, en el Telegraph. ¿Como Viet Nam, Janet, that rational? David Cameron, desde China (Rolls-Royce firmó un contrato de 1.2 billones de libras con China Eastern Airlines, thank you so much, Mr Hu), amenazó con aplicar severamente “toda la fuerza de la ley” contra los asaltantes de Millbank Tower, y dijo que no habría vuelta atrás en la decisión de cortar los fondos de las universidades y subir el precio de las matrículas. Cameron, clegging. Janet Daley, clegging. Los profesores de Goldsmiths College que firmaron una carta felicitando a los estudiantes por el éxito de la marcha, clegging. The Times, que dijo que la marcha “probó nada, y convenció a nadie”, clegging. Hasta yo, clegging, todos clegging, excepto esos chicos a los que nadie les ha dicho que el 2010, año 52 de la Revolución Cubana, año 94 de la Revolución Rusa, año 222 de la Revolución Francesa, es un pésimo año para empezar una revolución. Porque a lo mejor no lo es. Una nueva jornada de protestas, huelgas y ocupación de edificios públicos ha sido programada para el 24. Nota a mis estudiantes: lo de la revolución está muy bien, pero recuerden que el lunes tienen que entregar los trabajos de curso. Otra nota: ¡Bravo!
"PPPPPRRRRRRRRRRR...."
ResponderEliminarJO, disfruté mucho tu crónica. Tal vez el problema es que cada generación tiene la revolución que se merecen sus padres.
ResponderEliminarJ, tu crónica es devastadora, a más de una década de aquel Salvaje corazón que nos inspiró desde las páginas de Alma Mater; a nosotros, que ni siquiera tuvimos nuestro simulacro de Mayo del 68, que pasamos por la universidad sin penas, ni glorias... y ahora pasamos todos de los 30, y sentimos nostalgia por una revolución que no sucedió.
ResponderEliminarBoris... ¿en serio pasamos sin penas ni glorias? no es lo que recuerdo de muchos, incluido tú, que tanto te encaraste, polemizaste y creaste... ¿o qué teníamos que haber hecho? ¿tomar Alma Mater, secuestrar a Guanche y canjearlo por el pollo de los martes?
ResponderEliminarDime, querido Charly, por ejemplo, qué hicimos en realidad para cambiar el periodismo -que no es tomar la Bastilla, pero sí nuestra pequeña Bastilla ? Mira a tu alrededor, a los de nuestra generación. El paisaje, mi hermano, es desolador. La mayoría se ha integrado con más o menos docilidad a los medios estatales o salieron del periodismo en busca de horizontes menos ásperos. De poco valió gritar (polemizar), si en rigor las reglas del juego siguen siendo las mismas, y en algunos aspectos son peores. Shame on us, my dear friend.
ResponderEliminarPara nada siento vergüenza de nuestra generación, pues bastante agitamos la Facultad e incluso la Colina, si no cambiando, al menos incordiando. Y allá quien reniegue de sus sueños: yo los sigo buscando en un medio oficial, como muchos los encuentran en un blog... Lo demás es onanismo cerebral y Libertad Lamarque...
ResponderEliminar@Jota: hmm,I know the feeling... Gracias por la crónica, aunque me ha dejado tristísima, porque sí, I know ese "ligero" cinismo very well! ...a veces, sólo a veces, me consuelo un poco, un poco cínicamente seguro, con Juan Gelman: "se sienta en la mesa y escribe / "con este poema no tomarás el poder" dice / "con estos versos no harás la revolución" dice / "ni con miles de versos harás la revolución" dice / ...se sienta a la mesa y escribe"
ResponderEliminar"Allá quien reniegue de sus sueños..." Los sueños se van transformando, y si pudiéramos mirar los sueños de hoy con los ojos de hace 10 años, quizás no nos sentiríamos tan satisfechos de nuestro empeño por conseguirlos. Hace falta mucha valentía para reconocer que somos otra generación de cubanos que no cambió nada, cuando tuvo edad para hacerlo.
ResponderEliminarque valentía más penca...
ResponderEliminarestoy con boris.
ResponderEliminarparece que charly, orgulloso cubano, soñara eternamente con la maravillosa miseria cincuentenaria tanto moral como economica en la que han sumido a cuba sus gobernantes.
A ver Charly, mi hermano, vamos a hacer una lista de nuestros heroicos actos, de esos que demuestran que no fuimos una generación cobarde, como las anteriores. Te cedo la palabra para comenzar...
ResponderEliminarLa pelota, lo mio es la pelota. Ah, y el futbol. Estoy de acuerdo con Charly, se pueden buscar los sueños en medios oficiales, siempre que estos sueños sean tambien oficiales. De los otros, si los habia, olvidenlos..
ResponderEliminarCreo que la lista de Boris va a estar interesante, por cierto su punto se oye mucho mas descarnado y honeso.
Y si, la Revolucion empezo ayer
Yo solo pienso que vivir lamentándome, amargado y autocompadeciéndome de mi circunstancia, tirando la toalla con 31 años, es cuando menos snobista, cuando más masoquista... O me tiro alante del tren, o paso página y busco mis sueños en otro lado, porque tampoco creo -como infiere con simplismo olímpico Anónimo 08:26- que esta Cuba sea el "rien va plus" de la realización... Boris, me sobran ejemplos para la lista que pides, pero el blog de JO no es la revista Opina ni la Billboard, y mucho menos el ágora griega para andar en careos -y cacareos-, así que espera dos semanitas más, y te refresco la memoria...
ResponderEliminarla insoportable levedad de charly...
ResponderEliminarprefiero el reconocimiento de su cobardia de boris, que la alienacion y el querer hacerme creer que en aquello, que alla, se puede hacer periodismo profundo y verdadero. es imposible, en algun momento si sigues de verdad la senda del periodismo autentico te tocara la carcel, la disidencia, la exclusion o(y) el exilio.
salvo el final que me parecio un poco rosa me ha gustado mucho el articulo de JO.
Charly, nos vemos en dos semanas, y de paso me explicas cómo es eso de la autocompacencia y la vida amargada, porque no lo entiendo. Y me apena que no quieras discutir en este espacio de nuestro profesor Juan Orlando. De pronto, con Rosa y tú en los comentarios, empezaba a creer que volvíamos al aula.
ResponderEliminarChama, tranquilo que ya hablaremos como me gusta, lamento decepcionarte, pero sabes que no soporto estas cyber-filípicas: se pierde demasiado tiempo en el vano intento de demostrar tu verdad, y nunca falta un kunderoso existencial a juzgar sin saber, tan profundos que ni Deborah Andollo les llega...
ResponderEliminarDos posiciones bien claras...valiente (que transa consigo mismo, aunque diga que no, pa seguir pa'rriba) vs cobarde/amargado (que se mantiene firme en sus posiciones, aunque con ello tenga consecuencias).
ResponderEliminarMe recuerda "Dos sillas vacias", mismo drama, diferentes circunstancias..
Pasé este enlace a un colega que me ha pedido que envíe este comentario de su parte:
ResponderEliminarhttp://www.elpais.com/vineta/?anchor=elpporopivin&d_date=20101118